Construyeron una aldea


FECHA: Julio 2, 2015, 1:27 pm

El campamento de 2º en Kiyú estuvo cargado de una magia especial

Fue entre el 5 y 6 de junio, en el camping de Juventus, que consiste de unas cabañitas cerca de la playa, en el balneario de Kiyú. La consigna en este caso era “construir una aldea”, y eso fue lo que los chicos hicieron, además de muchas otras cosas, en un fin de semana que los animadores describieron como “inolvidable”.

“Muchas veces el hilo conductor está basado en una película, pero en este caso se decidió hacer algo diferente, construir, en el sentido de construir valores”, explicó Fernando Gago, referente y uno de los responsables de la organización del campamento. Antes, durante la semana previa, se presentaron en los salones de clase dos “aldeanos” (encarnados por Pocho y Matías), que fueron preparando el clima y largando la consigna de lo que se venía.

Ya en Kiyú se formaron siete grupos, separados por oficios: curanderos, herreros, carpinteros, etc. Desde esos roles que les tocó, los alumnos fueron contribuyendo a su entorno, a la construcción de esa aldea ficticia.   

Una vez distribuidos por equipos, lo primero fue armar la tribu, identificarse, crear un dialecto y comunicarse a través del mismo. Después hubo que poner manos a la obra. “Llevamos madera y distintos materiales (caña, cuerda, nylon), y fuimos para el medio del monte a construir. El objetivo era que los alumnos trabajaran en grupo”, dice Fernando.

El resultado sorprendió a todos. Le pusieron tanto esfuerzo e ingenio a las casitas, que superaron las expectativas. Ni siquiera la lluvia, que se largó más tarde, logró derribarlas. “Algunas resistieron, parecían unas Doyte”, cuenta, a las risas el referente.

Otra de las actividades favoritas del fin de semana fue la “construcción del almuerzo”. Divididos en los diferentes grupos los alumnos hicieron el almuerzo del sábado, para el que tuvieron que amasar pan casero y hacer hamburguesas, también desde cero. Una vez prontas las cocinaron al fuego y comprobaron que quedaron deliciosas.

Después siguieron “construyendo”, pero esta vez, canciones. “Primero los adultos hicimos una a partir de 5 minutos y nada más, motivacional, y la idea era que ellos también escribieran las suyas para presentar en el fogón en la noche”, dice Fernando, que agrega que “el fogón fue un capítulo aparte, una energía pocas veces vista”. Cantaron, saltaron, bailaron, dejaron todo.

Ya el domingo tuvo lugar la misa y la posibilidad de compartir lo que se había vivido en los días anteriores. Además se hizo una actividad de agradecimiento, una evaluación de lo que dejó el campamento.

“Yo rescato la actitud con la que vivieron cada una de las actividades. Vos podés preparar el mejor campamento del mundo, pero si los alumnos no la reman, puede terminar siendo el peor. Ellos en este caso levantaron lo que fuera. Los campamentos buscan mejorar las características del grupo, y 2º año llegaba con algunas características negativas, y se trabajó eso, la empatía, yo creo que lo logramos. Las dinámicas de compartir fueron las mejores”, evaluó Fernando.  

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