Voluntarios: Cecilia Virginio


FECHA: Julio 2, 2015, 1:25 pm

“Cocinarles es hacerle un mimo a los chicos”

“Empecé a escuchar hablar del Jubilar en la Parroquia del Stella Maris y me interesó ver  qué se podía hacer para colaborar, qué necesidades había. Y junto a un grupo de amigas se nos ocurrió hacer esto de los almuerzos”, recuerda Ceci, encargada de que cada martes y jueves las clásicas tortas de jamón y queso y pasteles de carne lleguen al liceo en Casavalle, expreso desde Carrasco.

“Empezamos en 2007 a apoyar desde afuera primero y en 2008 ya arrancamos a venir a los almuerzos. Originalmente fue para 70 chicos, pero vimos que funcionaba y así fuimos sumando. En un principio éramos un grupo chico. Comprábamos las cosas, cocinábamos y traíamos la comida. A veces, y dependiendo de los ingredientes que se conseguían, cocinábamos acá. Cuando empezaron a ser más y ya no nos daban las manos decidimos establecer un menú fijo, que nunca varió en todos estos años: pastel de carne los martes y torta de jamón y queso los jueves. También traemos fruta los dos días”, dice.

El batallón de voluntarias que armaron lejos estuvo de estancarse. A medida que fueron pasando los años “se fue ampliando con amigos, luego conocidos y luego conocidos de conocidos”. Llegaron a conformar un grupo de unas treinta personas que cocinan cada día y llevan la comida a su casa, el punto de reunión. “Entre las 8 de la mañana y las 11.30 van cayendo con las asaderas”.

Ceci es madre de cuatro chicos: Alfonso, Diego, Manuel y María y llevaba mucho tiempo buscando dedicarse al voluntariado, algo que no había podido hacer por una cuestión de tiempos.  “Uno siempre quiere ayudar al prójimo y al llegar acá te vas dando cuenta de que siempre te vas más lleno de lo que llegaste, que recibís mucho más de lo que diste, y vas queriendo más y más y más”, dice.

Lo otro que se genera es el efecto contagio. “Es que también vas tratando de que otros hagan lo mismo, y de a poco ves que la gente se engancha. Pasa que a veces traes a gente que inicialmente te das cuenta que viene por compromiso, y sin embargo cuando te querés acordar se re enganchó”.

Ella misma ha generado un profundo lazo con el liceo y el barrio.  “Cuando empecé a venir estaba Florencia Sienra de asistente social, y como me llevaba muy bien con ella la acompañaba a hacer visitas por el barrio”. Pronto se le vinieron abajo los preconceptos y temores. “Gracias a Dios nunca me pasó nada, al contrario, siempre me sentí bienvenida, nos invitaban con algo. Familias a las que hasta el día de hoy veo y por el cariño las siento cerca”.

Ceci cree que “ser voluntario en una obra así vale la pena, 100%, y el tiempo se lo hace uno. Ese ratito que cada uno puede dar, vale muchísimo”. En el caso de ella, su trabajo en el Jubilar conecta dos pasiones, la cocina (es una genia cocinando), con el voluntariado. “Cocinarles me parece como hacerles un mimo a los chicos”, dice. 

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