UN TESTIMONIO


FECHA: Junio 29, 2014, 1:09 pm

Juan Marcelo Rodríguez del Castillo tiene 36 años y es un ex-alumno del Liceo para Adultos. A continuación nos cuenta su historia y lo que para él significó el paso por el Jubilar. 
¿Cómo se dio tu llegada al Jubilar?
Llegué al Jubilar por medio de un amigo que me convenció de ir a anotarme. El había cursado en el 2012. Lo que más me llamó la atención en cuanto llegué fue lo lindo y cuidado que está el liceo. Los primeros días me costo un poco integrarme, pero eso no fue por el liceo, es que a mí me cuesta a veces un poco integrarme a personas que recién conozco, pero a la semana ya estaba integrado sin problemas.
¿Por qué habías dejado de estudiar antes?
Yo sufro de dislexia. Repetí tres años en la escuela, cursé tres veces 1ero de liceo. En la escuela decían que yo era muy distraído, que tenía problemas de concentración y también de conducta. Mi lectura era muy mala y me costaba mucho entender las cosas. Esto fue en Paysandú, luego fui al liceo número 1 en esa ciudad y me llevé muchas materias. Más adelante vine a Montevideo a vivir e intenté dos veces más aprobar Ciclo Básico y fracasé. En el último año un profesor me tomó una lectura y me dijo: “usted es disléxico”. Yo no podía creer hasta que lo confirmé, fui al médico y con 25 años me dijeron que sufría de dislexia muy avanzada, por no haberla tratado a tiempo. 
¿Qué sentiste en aquel momento?
Aprendí y descubrí que nosotros los disléxicos vemos el mundo de otro modo, no solo confundimos letras, también tenemos problemas de concentración, nos saltamos renglones, nos cuesta mucho saber si una “b” es una “d” o una “t” es una “p”. Es un problema muy complicado, me di cuenta que no era un burro como me decían en aquellos años cuando no se conocía lo que me pasaba, sino que en realidad tenía un problema. Hoy eso es distinto.
¿Qué representa para ti el haber completado el ciclo básico?
Bueno haber terminado el liceo me da mucha satisfacción. Después de tanto trabajo, es algo que no se puede explicar. Es como que tengas un sueño y de pronto se transformó en realidad,  algo muy lindo, no solo por lo que cursé sino por todo lo que aprendí. Por ejemplo, antes no sabía bien lo que era un átomo, hoy lo sé. Antes no sabía cómo fue el pasado, las revoluciones, la esclavitud, hoy lo sé. Y como esos ejemplos, mucho más.  Siento felicidad porque aprobé. Cuando te dicen en las materias “aprobado”, te da mucha satisfacción después de tanto sacrificio. Pero por otra parte siento que después que lo terminás se extraña mucho ese aire a Liceo Jubilar, que te  llena de energía positiva con solo con entrar.
¿Cuál fue el principal aporte del liceo?
Para mi vida el Jubilar aportó mucho, demasiado. Te abre puertas en lo laboral. En este mundo si no tenés liceo por lo menos lo básico, te ven como un analfabeto y las puertas se cierran. Yo soy soldador desde hace muchos años, he hecho cursos de mecánica que es algo a lo que me dedico y no podía insertarme en el mercado laboral. Sin liceo no te sirven los años de experiencia ni lo que sabes. Es como que todos los años de trabajo a lo que te dedicaste no sirven para nada. Ojalá hubiese más liceos como el Jubilar donde los profesores son increíbles el tiempo que se toman, la paciencia que tienen, el cariño que te brindan. Hasta en lo personal, si saben que tenés un problema tratan de ayudarte.  Cuántas vidas conocí en ese liceo, personas que tenían más problemas que yo, personas con más dificultades y los profesores y el liceo nos demostraron que todo es posible. Eso es muy pero muy valioso. 

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