Volvieron las madrinas… y van 10 años


FECHA: Marzo 29, 2016, 6:16 am

Es martes y en la casa de Cecilia entre las 8 y las 11.30 de la mañana se reciben 28 pasteles de carne. Asaderas, flautas de pan y cajones de fruta se cargan en el auto. Todo listo para que las madrinas se dirijan a “los almuerzos del Jubilar”.

La misma escena se repite los jueves en la casa de Raquel. Si llegan las 42 tortas, las madrinas suspiran aliviadas que los 240 comensales tendrán su almuerzo.

Este año se cumplen 10 años de este trabajo voluntario que involucra a un grupo de amigas. Cecilia, María, Andrea, Paola, Marcela, Isabel, Raquel, Marta y Graciela son las encargadas de los almuerzos de martes y jueves para los integrantes de “la familia Jubilar”. Pero detrás están las 140 manos que colaboran preparando estas comidas. 70 madrinas desde las cocinas de sus casas elaboran estos dos platos, torta de jamón y queso o pastel de carne con puré.

Las madrinas sirven los platos en la mesa. Todos los alumnos deben hacer una fila para entrar al comedor, previa lavada de manos. Ningún alumno se puede levantar sin haber terminado, ante las miradas de complicidad de las madrinas.

Este año las recibieron con flores y un cartel en el pizarrón: ¡Bienvenidas madrinas! Cecilia no recuerda ni cómo ni cuándo ni quien las bautizó “madrinas”. El nombre surgió naturalmente cuando este grupo de catequistas de la Parroquia Stella Maris junto con el sacerdote Gonzalo Aemilius vieron la necesidad en 2006 que los chicos almuercen en el Liceo. Comenzaron en 2007 con un grupo de 20 alumnos, luego fueron 70 y hoy almuerzan 240. Cada año “renovamos el contrato”, afirma sonriendo Cecilia.

Los días de las madrinas son los martes y jueves pero los alumnos almuerzan todos los días con la comida que se prepara en el Liceo. Silvana tiene todo preparado. Todos los días, integrantes de las familias de los alumnos ayudan en la cocina. Alumnos, ex alumnos, profesores y funcionarios comparten en sus distintos grupos su almuerzo en el nuevo comedor inaugurado en el 2013. Muchos entrañables recuerdos quedaron en el primer salón cocina/comedor, la actual aula de EPI (Espacio Psicopedagógico de Intervención).  Allí había más contacto con los chicos, todos apretados y lavando en tachos, la alegría y los saludos se multiplicaban.

Cocina y comedor más ordenados y amplios. Aunque hay algo que no cambia, la oración de agradecimiento los continúa uniendo y siempre precede a cada uno de los turnos del almuerzo. Los saludos, los “por favor” y los “gracias” están presentes.

Raquel recuerda emocionada cuando Federico, el último día de cursar tercero, se despidió agradeciendo a las madrinas “porque no me acuerdo ni un solo jueves en estos tres años que no hayan estado acá con las tortas de jamón y queso”. 

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