HISTORIA

El Liceo Jubilar Juan Pablo II, surge a instancias de los mismos vecinos del barrio ante la dificultad de sus hijos adolescentes para poder continuar sus estudios una vez finalizada su educación primaria. Los niños salen de clases superpobladas, ingresan al liceo con un gran déficit y suelen abandonar, por una conjunción de problemas:

  • Trabajo infantil y adolescente: es común que repitan en primer año, cuando esto sucede, en general se ven “obligados” -por la misma realidad- a salir a colaborar con la economía de la casa
  • Falta de seguridad: especialmente las mujeres, deben ser acompañadas por sus madres a las paradas de mañana temprano, lo mismo para esperarlos, si regresan cuando ya oscureció
  • Gran distancia de los otros liceos: “distancia que no sólo es de kilómetros, sino de cultura, de vida, de ropa, de costumbres”
  • Faltas: “las faltas también son usuales: porque el hermano menor se enfermó y alguien tiene que cuidarlo, porque el padre está ocupado y no puede acompañar a la chica a la parada y varios porqués más”
Este sueño fue asumido por la comunidad parroquial de la zona “Gruta de Lourdes”, para fomentar el desarrollo de los adolescentes del barrio en todas sus dimensiones. La primera instancia de la Comunidad fue recurrir a las autoridades de Secundaria para que creara un liceo en la zona, no obteniendo respuesta concreta a sus aspiraciones.

Cuando comienza su episcopado en nuestra diócesis, el Arzobispo Mons. Nicolás Cotugno, realiza una visita a las distintas comunidades, especialmente en las zonas periféricas. Al visitar esta Comunidad, escuchó el reclamo de sus integrantes y su necesidad de generar ese espacio de formación en la zona. Esto se vio como una necesidad tan importante, que fue asumido como símbolo de solidaridad de la Arquidiócesis. Su gestión ante organismos internacionales, permitió la construcción e implementación del local.

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